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Así como cuidamos nuestro cuerpo a través de una alimentación rica y balanceada, nuestra piel también requiere una “alimentación” especializada que respete sus particularidades para verse y sentirse saludable.
El darle a nuestra piel una alimentación bien orientada -según su edad, tipo de piel, momento del día y zona del rostro- nos garantizará que reciba esos nutrientes clave, y que obtengamos mayores resultados.
Un poco áspera al tacto, de fácil descamación y poros casi invisibles, necesita un cuidado especial ya que es una de las que muestra envejecimiento más pronto.
Esta piel es grasosa en la zona “T” (frente, nariz y barbilla) y seca en el resto del rostro. Necesita un cuidado específico que restablezca su balance.
Típica de los países cálidos o de personas que producen mayor grasa, se caracteriza por ser gruesa, brillante y presentar poros abiertos y espinillas. Necesita un tratamiento que la mantenga en equilibrio.
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La alimentación juega un papel muy importante en la salud en general y en la apariencia de la piel que puede verse afectada como resultado de un desbalance.

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Una dieta buena para la piel es una dieta rica en antioxidantes. Los antioxidantes como las vitaminas A, C y E (que se encuentran, por ejemplo, en las frutas y hortalizas de color anaranjado, germen de trigo y frutos secos) neutralizan los radicales libres y mejoran la calidad de la piel.
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Antioxidantes
Son sustancias existentes en determinados alimentos que nos protegen frente a los radicales libres, causantes de los procesos de envejecimiento.
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Radicales libres
Son moléculas de oxígeno que pueden inhibir la capacidad de la piel para repararse a sí misma en el tiempo, contribuyendo al envejecimiento.
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La vitamina C también ayuda a mantener la piel suave y es importante para la síntesis del colágeno, la fibra que permite que la piel sea elástica y evita que nos arruguemos tan rápido. La encuentras en cítricos, papaya, kiwi, fresas, tomates y pimientos.
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Debemos asegurar un adecuado aporte de grasas saludables -sobre todo de Omega 3, presente en el aceite y semillas de lino, nueces y/o salmón- que ayuden a mantener la correcta estructura de la piel y favorezcan su hidratación.
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El mejor ejemplo de una dieta balanceada, que no solo hace bien a la piel sino al cuerpo entero, es la dieta mediterránea llena de granos enteros, frutas y verduras frescas y grasas saludables. Pruébala.
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Indispensable tomar entre 5 y 8 vasos de agua al día para conseguir una piel bien hidratada y ayudar al cuerpo a eliminar toxinas. El momento ideal para tomarla es media hora antes de las comidas.
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Evitar los grandes enemigos de la piel como las grasas saturadas, los dulces, el alcohol y el tabaco, que la deshidratan y favorecen la aparición prematura de arrugas y de otros signos de la edad.
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